AÑAMURO, MI MALDICIÓN

Por: AÑAMURO HUARACHI, Tirza Nataly 

‘Ustedes serán periodistas no escritores’, decía Wilfredo mi profesor de géneros y estilos cada vez que revisaba una tarea. Algunos de mis compañeros hacían uso de una fina terminología con grandes recursos literarios. Fanático de las crónicas y de la puntualidad. Era la tercera vez que llevaba un curso con él. Si pudiera elegir definitivamente habría elegido a otro profesor, pero las opciones eran pocas, ya que en mi escuela solo había un horario para la especialidad de periodismo. No es que me caiga mal, pero llegar tarde era un pecado. Siete en punto, a más tardar, siete y cinco, llamaba lista. Maldición mía apellidarme Añamuro.

Las clases virtuales en este momento me favorecían, podría agradecer a la pandemia, porque estoy segura que si hubieran sido presenciales ya habría desaprobado por inasistencia. Wilfredo siempre enseñaba a primera hora de la mañana, dos veces por semana. Recuerdo que en la presencialidad corría para estar puntualmente, caso contrario perdía la cátedra. Grabando, palabra en un cuadro rojo en una típica sesión de Google Meet. Ahora las sesiones quedan en la inmortalidad. Ponerse al día es más fácil y correr quedó en el olvido.

Debo admitir que pese a las ventajas de estar en mi casa hubiera sido interesante llevar su curso en la escuela.  ‘A las personas les gustan las buenas historias’, frase memorable que repite desde la primera vez que me enseñó. Concuerdo con él y espero que esta sea una. Escribir no es tarea fácil. La práctica hace al maestro, eso me falta. Las correcciones pueden ser más rápidas y todos trabajarían al compás. Es que estar en vivo y en directo es otra cosa.

Las crónicas son mi talón de Aquiles, describir detalladamente y minuciosamente no es lo mío, pero hago el esfuerzo. Hablar de la realidad a veces es difícil, en este género no puedes inventarte nada, los hechos tal y como son, deben ser explicados. Durante la duración de este curso, he llevado horas tratando de elaborar una crónica. 10 a 25 líneas. Me llevan más de tres horas. Esta no es la excepción.


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