NO FUE EL CUCO QUE ESPERABA


Por: AROTAIPE LOPINTA, Fanny Rosmery

Mis dudas sobre el curso de  Géneros y Estilos, antes de iniciar el semestre, eran varias. Y se acrecentaron más con las opiniones de mis compañeros. ¿Qué de especial tiene llevar géneros? me hacía la pregunta a cada rato. Cuando pregunté porque no iban a llevar el curso a mis amigos, me dijeron que el docente que lo dictaría era malo. Fue grande mi sorpresa al escuchar tal opinión y aumentó mucho más las dudas. Como buena estudiante de periodismo tenía que descubrir el concepto de “malo”. Fue ahí cuando me dijeron que el profesor Wilfredo era muy estricto y todo lo quería a su modo. Aún así decidí matricularme y no perderme de conocer al ‘Cuco de Géneros y Estilos’.


Los comentarios eran  “El profesor no es muy tolerante” “Yo prefiero no llevar con ese docente” “Esperaré al próximo año para llevar con un docente más fácil”. Al escuchar todo ello decidí llevar el curso como un reto. “Conoceré al profesor y daré todo de mí para aprobar” fueron las palabras que me dije. Inicié el curso y me sorprendí por la puntualidad del docente. Empezamos bien porque entré antes de la lista de asistencia. Pasaron las semanas y todo no fue como esperaba. No era un cuco en las clases virtuales, sólo era un docente muy puntual, respetuoso y justo.


Las expectativas eran altas por todo el preámbulo creado en un inicio. Y no me refiero a los compañeros que decidieron no llevar, sino a lo que el docente causó en mí. “Las clases inician a las 7 en punto, yo a esa hora inicio la lista” fueron las palabras que se quedaron grabadas en mi mente y que hicieron que despierte 10 minutos antes. La molestia de mis otros compañeros por no ser considerados en la lista por llegar tarde era grande. Y hasta les parecía una falta de respeto y empatía por parte del ‘Cuco’. La mayoría nos acostumbramos a que nos den minutos de tolerancia y que nos acepten las excusas. Era evidente que nos ‘chocaría’ la actitud del docente. Pero todo ello hace que uno aprenda a ser puntual para todo.


La emoción de aprender a redactar era inmensa. He mejorado, claro que aún me falta pero el punto es seguir. La base es leer -frase que reiteró muchas veces el docente- por ello nuestra primera tarea fue leer un libro de más de 200 páginas en poco tiempo. Gay Talese, un periodista talentoso y con gran trayectoria. Fue el primer libro que imprimí, porque leer a través de una pantalla no es mi pasión. Fue uno de muchos y se me complicó -por temas de dinero- imprimir todos. 

La segunda tarea fue redactar y lo bonito de ahí fue escuchar las recomendaciones para mejorar. Aún se me complica escribir, sobre todo iniciar con lo más importante y poner lo esencial de mi crónica en el primer párrafo. Eso se evidencia en esta crónica. Pero la práctica hace al maestro.

 

Como siempre las clases iniciaban a las 7 de la mañana, yo tenía que esperar el receso para preparar mi desayuno. Es muy difícil soportar el hambre y no hacer caso a los rugidos de mi estómago. Lo que hacía que me quedará y no corriera para preparame algo de comer es que en cualquier momento me podía llamar y si no estaba me retiraba de la clase. Por esa razón esperaba el receso con ansias. Las diferencias y problemas estuvieron presentes durante las clases. Compañeros que no eran puntuales y esperaban su asistencia después de 10 minutos de tardanza. La adaptación a classroom y como la mayoría pensó que ya estaba su tarea entregada cuando no era así. Me pasó la primera vez, me di cuenta tarde y entregué con retraso. Ese día fue pésimo. 


Un logro muy importante para mí en este curso fue haber leído cinco libros. Por la virtualidad y el confinamiento dejé de leer casi por un año. Otro tema que rescato del curso es al docente, quien no dejaba tarea tras tarea, como otros docentes lo hacen. En el curso de Géneros y Estilos, no solo aprendías sino también descansabas. No fue tan malo como esperaba. El ‘Cuco’ sólo pidió respeto, responsabilidad, puntualidad y muchas ganas de aprender.


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