Por: PARIAPAZA DIAZ, Melanie Yunsu
–Melanie Pariapaza.
–Sí profesor, buen día.
–Igual, retírese señorita, buen día.
–Sí profesor, es que yo lo tuve que enviar con retraso porque…
–Señorita no me de ninguna explicación, ninguna explicación por favor, ninguna explicación.
Me había quedado fría, estática, sin aliento y hasta con ganas de llorar. Era la primera vez que un profesor me echaba de una clase. Maldije a regañadientes y presioné el botón rojo para salirme del enlace meet.
El profesor Wilfredo, me había retirado de su clase.
Al rato escuché un:
–¿Por qué te han botado?
Era Diana, mi prima que había escuchado el final de la conversación.
–Porque entregué tarde mi trabajo– Refunfuñé.
Un minuto después, todos en casa ya sabían la “buena” nueva. Tan pronto como pudieron llegaron a mi puerta, casi a tropezones, con un montón de preguntas. ¿Qué ha pasado?, ¿Por qué te han botado?, ¿Por qué no has hecho tu tarea?
La tarea estaba hecha, una crónica de un viaje en combi de no más de 30 líneas. El día de la entrega nos cortaron el servicio de luz. Llegó a las 13:00 horas. Envié tarde el trabajo.
–¿Y le explicaste al profesor?
–No me dejó.
El profesor Wilfredo siempre había sido uno de los más estrictos que había conocido dentro de la universidad. Él fue el primer profesor que conocí. En clases presenciales me daba miedo llegar tarde y que el profesor me cerrara la puerta en la cara, pero ahora el distraerme y que el profesor me llame, causaba cierto nerviosismo en mí.
Por ello, los jueves y viernes, casi siempre me despierto aproximadamente a las 6:00 horas, lo que es suficiente para cambiarme, lavarme la cara, comprar el pan, desayunar, estar sentada frente al escritorio e ingresar a clases hasta 2 minutos antes de las 7:00. Porque el profesor nunca llegaba tarde y nunca faltaba.
Sin embargo, la ironía de la vida hizo que semanas después, el Lic. Mendoza presentara problemas con el fluido eléctrico. Suspendió las clases.
–¿Te botaron de nuevo?– me preguntaron en casa.
–No, es solo que el profe no tiene luz.
–Bótalo de la clase pues– se burlaban de mí.
Hasta ahora me atormentan con eso, quizá siempre seré la que botaron de la clase.
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