ROSTROS DESCONOCIDOS

Por: YUCA CHOQUE, Germán Yunior

Desde hace poco menos de 2 años, casi todos mis días son una rutina. Amanezco, me lavo los dientes, desayuno, regreso a mi habitación, prendo mi pc y me quedo despanzurrado frente a la pantalla por horas. Recordando vagamente cuando –otrora– en las horas muertas, podía unirme a cualquier grupo de compañeros, preguntar: “¿Qué onda?”, y conocer con quienes compartía clase.

Ahora, cada día hago frente a la tentación de dejar mi pc encendida –con el Meet abierto– y salir al exterior a pretender que tengo la hora libre. Felizmente, es jueves y toca el curso Géneros y Estilos Periodísticos. No es mi asignatura favorita, pero es la que más me entretiene. Apenas inicia, el sarcástico –y casi mordaz– sentido del humor del profesor se hace presente. Al pasar la lista general, le pregunta a una alumna:

-¿Por qué hablas tan bajo, niña? ¿Estás durmiendo? –Espeta. -No, profesor. Estoy mal de salud. –responde con voz baja la aludida. -¿Te morirás? Sentencia irónico Wilfredo, el profesor.

Suelto un “JAJAJA…” que resuena en mi habitación. Lo ahogo inmediatamente porque –aunque sé que nadie me ve– creo estar haciendo algo incorrecto. La lista continúa y las observaciones del profesor también. Yo sigo riendo con los comentarios que se vierten hasta que oigo mi nombre y finjo seriedad y –con una voz masculina claramente impostada– respondo “presente, profesor”.

Ese día, toca revisión general y en el transcurso, voy conociendo –aunque sea una pizca– a mis compañeros de carrera; pues a la mayoría no los he visto nunca y mucho menos entablado conversación. Gracias a las crónicas me entero de sus anécdotas, actitudes, comportamientos y hasta de chismes que no podría conocer de otra manera. 

Aquella clase río –y secretamente me identifico– al oír la historia de cómo ‘friendzonearon’ a un compañero. Me intrigo al oír aquella voz ronca –y bonita– de una compañera, contando la historia de su primer amor. Me crispo al escuchar a aquel pretencioso compañero que –de seguro– se alucina el nuevo Vargas Llosa. 

Mi apellido inicia con Y así que cuando tengo la suerte de que alcance el tiempo para revisarme, se me revisa al final. Siempre al final. La espera termina. Llega mi turno.  Leo mi historia, con seguridad pero también apatía y –al terminar– recibo la corrección de siempre: “inicia con lo más importante”. Y me doy cuenta: casi acaba el ciclo y aún no sé cómo iniciar con lo más importante. 

La clase –aunque duré 2 horas y 30– acaba siempre pronto. Y yo me quedo con ganas de seguir oyendo más. Es triste, pero es la única manera de conocer a los compañeros con los que compartiré clases hasta fin de carrera. Los mismos que formarán parte de la promoción 2022 de Periodismo aunque la mayoría apenas se hayan visto la cara de manera presencial.


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