Por: NINAHUAMAN JARAMILLO, Diana Milagros
Escribir, escribir, escribir y equivocarse significa el éxito del buen periodista. Y yo durante todo el semestre, desde la primera crónica luché contra la idea de sentir que no estaba estudiando la carrera adecuada. Podría ser que tener expectativas tan altas sobre el buen periodismo aplastaran la realidad siendo estudiante. Quizá fueron los constantes recordatorios de docentes como el profesor Wilfredo, de tener que leer docenas de libros al año y mi posible-no diagnosticado- déficit de atención que con dureza me dijeron que este no era el camino.
Esa vocecita maligna me repetía en cada crónica que “Probablemente no daba la talla para ser periodista, no había leído lo suficiente a Gay Talese, Vargas Llosa, a Gabo. Menos había escrito las suficientes crónicas, noticias y reportajes. Escribir en un medio de comunicación para cientas de personas no era una responsabilidad que se tome a la ligera, me repetía.
Sin embargo, cada que llegaba el juicio final - cuando nos revisaban los textos- y debía recibir retroalimentación sobre las “no tan terribles” falencias de mis narraciones, quedaba esperanzada. Fue probablemente la forma amable y sutil del docente, lo que me transmitía confianza y me decía que quizá si había transmitido lo que viví, que en alguna parte de mi texto el lector y yo fuimos uno.
Fue entonces que después de narrar la dura experiencia contra el cáncer de seno de mi abuela materna lo que me trajo al presente y me obligó a buscar el por qué de seguir aquí.
Intenté encontrarlo escribiendo y eso me deprimía más probablemente. Finalmente y con mucho miedo encontré la respuesta en mi sentir. Ese sentir que arde en llamas cuando ve injusticia y dolor, el que no me deja estar callada cuando algo no me agrada. El sentir que articula una personalidad confrontativa, necesario en profesiones como esta. Dicen que el periodismo es la más noble de las profesiones, esa que entrega todo sin medida con tal de servir a la población. Tienen mucha razón, en cada periodista que he conocido veo ese sentir de seguir que incluso en medio de las llamas, de la incertidumbre, de los violentos en contra de la verdad que el amor por la profesión no los dejará detenerse.
Fue así que un curso del octavo semestre de la carrera de Periodismo me regresó a mi yo del primer día de clases. “Quiero ser la voz de los que no son escuchados” , que difícil labor, lo intentaremos, lo haremos.
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