EL “CRIMEN” DE NO LEER

 Por: CAMPOS RIMACHI, Liz Karina

Debo confesar. No leí todos los libros que el profesor Wilfredo Mendoza nos dejó como lecturas del curso en este último semestre. Diría que quiero leer todos los que faltan ser leídos —como a modo de arrepentimiento—, pero eso es lo que no diré. Sin embargo, estoy aquí, sentada frente al computador, dispuesta, en esta hoja, a relatar el “crimen” que cometí. 

Desde que empezó a dictarse el curso Géneros y Estilos Periodísticos, todos los jueves y viernes a partir de las 7 a.m., Wilfredo Mendoza nos hablaba de varios títulos de libros que yo desconocía. Por suerte no de todos. Al finalizar las sesiones de cada clase nos dejaba como tarea leer cierto libro con la intención de que después de esa lectura todos los estudiantes —es decir nosotros— aprendiésemos o rescatásemos detalles de aquel libro del que nos habló durante toda la mañana que duraba su clase. 

La primera vez, nos dejó leer el libro de Gay Talese, “Retratos y Encuentros”; después “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway, y así con el pasar de los jueves y viernes cada fin de mes se concretaba una pila de libros digitales que él mismo nos entregaba por medio de un chat grupal. 

De toda esa lista, yo apenas alcancé a leer dos libros completos: “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway y “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez, el de “Retratos y Encuentros” de Gay Talese lo abandoné por otra lista de libros, ajenos a la primera lista que nos proporcionó el profesor. Todos los no mencionados quedaron en el olvido. Guardados en una carpeta de mi computadora.

No sé cuando los vaya a leer. O mejor dicho, no sé cuando los vaya a conseguir. Leer en digital no es de mi agrado. La luz de la pantalla me turba la concentración y la atención a la hora de leer. Es por eso que solo leí dos libros y uno a medias. Estos los pude comprar e imprimir porque me alcanzaba el dinero que había ahorrado. Sin embargo, con los otros, decidí aplazarlos hasta ahorrar otra vez, esto lo decidí a primera instancia, después deshice esa idea porque me antojaba de otros libros que iba encontrando cuando pasaba por las librerías o viendo en internet. Pude ahorrar al final, pero ese dinero lo destiné para otra lista que hice. 

Después de todo lo revelado aquí, no me hace sentir ni bien ni mal. Incluso los libros que compré no los leí porque sigo aplazando mis lecturas y se siguen acumulando libros en mi biblioteca. Esperando algún día —si sucede— ser abiertos y leídos. 

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