ESCUCHÉ, REDACTE Y APRENDÍ

Por: CÁCERES AMADO, Piero Santiago

A puertas de que acabe el curso, puedo decir que me voy satisfecho. No tuve que memorizar cientos de diapositivas, no tuve que hacer tareas que nada tenían que ver con lo académico, no hice nada de eso, solo escuché, redacté y aprendí.

La asignatura “Géneros y Estilos Periodísticos”, dictada por el profesor Wilfredo Mendoza, será sin duda una de las que más me servirá a lo largo de mi carrera. Después de enviar algunos trabajos y recibir decenas de correcciones, puedo decir que he mejorado, no he alcanzado la perfección, pero a como estaba en setiembre… pues vaya que he avanzado, bastante. Ya no aburriré a mis papás con mis historias largas y sin sentido, ahora iré de frente al grano.

Doy las gracias al profesor Mendoza, que como él dijo no es “prosor”, es un profesor, que se preocupa por sus alumnos, quiere que aprendan, les deja leer mil libros y los mil no los leen, pero deberían, deberíamos. Semana a semana no solo se enviaban libros por el grupo de WhatsApp, podías encontrar reflexiones y frases que para algunos sonaban a “sermón” pero para otros eran lecciones de vida.

Los jueves y viernes tocaba madrugar, no al nivel de las clases presenciales de “Redacción básica”, donde tenía que despertar dos horas antes de que las puertas del auditorio de la escuela sean cerradas. Esta vez era suficiente con despertar una hora antes y llegar bien bañado a la asistencia. Si el profesor decía tu nombre y no estabas presente pues lo siento, pero ya perdiste. 

Nos presentó unas cuantas diapositivas, sí, pero no hacía la de otros profesores: “Leo la ‘diapo’ y te dejo un trabajo”. No, el profesor Mendoza explicaba, se la pasaba hablando toda la hora, pero no era relleno ni mucho menos. Si no quisiste prestar atención, piña pues.

Pasadas unas clases empezamos a redactar crónicas que, a mediano plazo, se volvieron el pan de cada día del curso y a largo plazo serán los pilares de nuestra carrera. Redactar, enviar, leer y corregir, en ese orden. El profesor se tomaba el tiempo de revisar cada crónica, de hacer cada observación y hasta le alcanzaba para dar consejos.

Ya en diciembre, el curso poco a poco se acerca a su fin. El profesor Mendoza nos envió dos libros más que fueron, según él dijo, su último regalo antes de Navidad. La mejor forma de agradecerle será leerlos.

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