LAS CAÍDAS Y LAS CLASES VIRTUALES NO SE LLEVAN BIEN

 Por: LINARES HUAMANI, Karely Nicole

Un trágico accidente fue el comienzo de un pésimo día. La mala racha inicio a tempranas horas de la mañana, cuando de camino al baño di una mala pisada y empecé a rodar por las gradas de mi casa. Ni siquiera grité, ni emití sonido alguno, ya que me encontraba realmente soñolienta así que apenas me pude dar cuenta de lo sucedido. Solo recuerdo el dolor en mis piernas y mi preocupación por haberme perdido la lista de asistencia, la cual mi profesor, Wilfredo, siempre tomaba antes de iniciar con las clases del curso de Géneros y Estilos Periodísticos. Afortunadamente, pude llegar justo a tiempo para la asistencia del curso, sin embargo, mis piernas no habrían sufrido la misma suerte, pues se encontraban llenas de moretones y con sangre. 

La caída me hizo dar cuenta de lo despistada que yo era por las mañanas, ya que no era la primera vez que me sucedía algo así. A lo largo de mi vida siempre he sido una persona torpe y despistada. Ese día no fue la excepción. Lo que realmente me enojo ese día, no fue la caída sino lo exigente que el profesor era con nosotros, pues siempre quiere que estemos atentos y que participemos en las clases y lo único en lo que yo pienso a esas horas es en volver a ese esponjoso colchón que tiene mi cama. 

A pesar de haber empezado con el pie izquierdo ese día, pude estar despierta y dispuesta a atender a las clases en frente de la pantalla de mi computadora. Durante todo ese tiempo sufrí de dolor por los moretones que tenía mi pierna. Nadie pudo ayudarme en casa, ya que mis papás se van temprano a su trabajo y me quedo sola, así que la única ayuda que tenía era un botiquín viejo que usábamos en casos de emergencias. Afortunadamente pude curar mis heridas y seguir escuchando la explicación del docente, él cual no parecía parar de hablar nunca. El curso que él impartía me parecía aburrido en teoría, pero me encantaba poder leer trabajos de otros periodistas o de mis propios compañeros.

Finalizando las clases, el profesor nos dejó una tarea sobre redactar una crónica familiar. Solo teníamos unos cuantos días para entregarlas, así que la pesadilla no parecía acabar.  A pesar de ello, tengo que admitir que ese día no termino tan mal como esperaba, ya que acabe cambiando de idea sobre el curso. Me pude dar cuenta de lo egoísta que era y de lo afortunada que soy por poder recibir una educación superior, así que al final de ese día no tuve motivo alguno para quejarme. 


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