LAS HISTORIAS QUE ME FALTAN CONTAR

Por: GUZMÁN OLAECHEA, Jhoanh Zebastian

Lo más difícil al momento de escribir, es saber que cosa contar. El curso de géneros y estilos periodísticos, a cargo del Lic. Mendoza Rosado, Wilfredo; entregó conocimientos prácticos y teóricos que permitieron nutrir la biblioteca mental en la práctica del periodismo y redacción de textos. 

El primer libro que el aula del cuarto año sección “B” tenía que leer es ‘Retratos y encuentros’ del periodista y escritor estadounidense Gay Talese. El texto marcó un antecedente en la forma de presentar mis escritos en los trabajos que dejan los docentes. La narrativa descriptiva y simple de entender me parece idónea para los estudiantes de periodismo.

La primera vez que lo leí estaba sentado frente a la laptop. Estaba incómodo de tener que leer un libro frente a una pantalla, cuando tengo en mi librero como seis libros sin abrir. Mi cuarto es oscuro y más aún en horas de la tarde, momento en que empecé a leer en voz alta el relato. 

“Nueva York es una ciudad de cosas inadvertidas. Es una ciudad de gatos que dormitan debajo de los coches aparcados, de dos armadillos de piedra que trepan la catedral de San Patricio y de millares de hormigas que reptan por la azotea del Empire State.” Son las dos primeras oraciones del primer texto. Seguidamente mi madre me pregunta con quién hablo. Yo le expliqué que estaba realizando mi lectura rutinaria en voz alta y que es parte de una tarea. Ella sonrió y se marchó con una mirada de decepción. Desde niño mi madre quería que fuera ingeniero, mostraba potencial para serlo, pero se sorprendió al escuchar mi decisión una vez que acabé el colegio. “Voy a estudiar periodismo”, dije. Mi madre Noelia solo atinó a llevarse las manos a la cabeza y marcharse de la habitación. Misma escena que se repitió cuando leía a Galese.

El doctor, la forma en cómo me dirijo a la mayoría de mis docentes universitarios, es uno de los más estrictos y de quien más se habla en las calles. “Wilfredo es uno de los pocos docentes de la UNSA que sabe lo que es hacer calle”, me dijo un compañero que labora en radio Yaraví. Cuando realizaba prácticas profesionales de manera informal, es decir, que no tenía la autorización de la escuela para apersonarme a los medios de comunicación y pedirles prácticas. aún así lo hice; conocí a periodistas que salieron peleados con la universidad o incluso no terminaron la carrera. Muchos de ellos tienen comentarios poco positivos de los docentes, pero rescatan el trabajo de un grupo selecto. Uno de ellos es la narrativa al momento de informar que se enseña en este curso. 

El último libro compartido con la clase, y que aún me falta leer, es “El director” de David Jiménez. Sigo mostrándome reacio a tener que leer a través de una pantalla que gasta mi debilitada vista y provoca que mi columna se arqueé. Sin embargo, los textos que se realizan en la clase y las narrativas compartidas están puliendo un estilo que pronto lucirá en los medios de comunicación.


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