LOS JUEVES Y SOBRE TODO LOS VIERNES

 Por: PÉREZ PINEDA, Kent Romaín

Los días jueves y viernes, a eso de las 7 de la mañana tengo sesiones síncronas por las teleclases con el profesor Wilfredo, el curso es Géneros y Estilos Periodísticos. Y es que uno de los rezagos que ha dejado la pandemia mundial a causa del nuevo coronavirus, es evitar las reuniones en espacios cerrados, concurridos y cercanos, requisitos fundamentales para hacer clases presenciales en la universidad, por lo cual ya van casi 2 años donde la nueva forma de recibir educación superior se da a través de las clases virtuales, en donde la responsabilidad del aprendizaje recae en el alumno, de tal manera que ahora prima el autoaprendizaje.

Las clases del curso de Géneros y Estilos Periodísticos a través de la plataforma Google Meet son muy entretenidas, y es que el tener una esencia particular es una de las razones principales por las que se está siempre atento a ellas. Pues para nadie es un secreto que cuando se lleva un curso tan interesante y que el docente a cargo cuente con unas muy buenas referencias, son las recetas fundamentales para ser a un curso, uno de los pilares en la formación académica de un alumno de educación superior, por lo tanto, de su formación profesional. De tal manera que uno siempre espera estos jueves y viernes.

Sin embargo, el pasado viernes 1 de octubre, a las siete y diez de la mañana, doña Francisca Roque de Pineda, a los 83 años de edad, dejó de existir. Pues desde hacía dos meses se encontraba internada en el Hospital Carlos Monge Medrano de la ciudad de Juliaca, debido a algunos problemas del corazón, sumado a un contagio de la covid-19, todo se fue cuesta abajo. Un viernes, mientras uno se encontraba muy atento a sus teleclases, la noticia que probablemente se esperaba había llegado, pues la vida cuando se va apagando muestra señales, como sueños específicos, esa madrugada había soñado que se me salía un diente, un canino superior, y al abrir los ojos, tuve un terrible presentimiento. Que horas más tarde se hacían realidad, mi abuela había fallecido aquel día, la última de mis abuelas o abuelos que me quedaban con vida, y es donde en ella pude ver cómo sería mi probable desenlace, pude ver como la vida se iba apagando, como las ganas se iban desvaneciendo, como el ser humano iba desflorándose, y como todo por lo cual uno desarrolla en vida, simplemente se queda, los recuerdos quedan con aquellas personas con las que uno comparte esas mismas. Entonces, fue desde ese viernes, que comencé a apreciar más la vida.

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