MINUTO Y MEDIO

Por: ANDIA HUAYHUA, Ayrton Franco

Faltaban 3 minutos para que sean las 12 del mediodía. Hasta esa hora estaba habilitada la presentación de un trabajo de la universidad en classroom. Esta plataforma no la había utilizado antes y no tenía acceso directo, tenía que ingresar a través de mi correo electrónico; mientras, el tiempo parecía que avanzaba más rápido, estaba en clases virtuales y no cargaba el documento.

Era un miércoles como cualquiera de comienzos de semestre, estaba en clases virtuales, cuando de pronto vi un mensaje de WhatsApp que me hizo actuar al instante, “¿Subiste la crónica?”, fue lo único que leí, recordando que faltaba poco tiempo para el mediodía. Acto seguido comencé a hacer memoria sobre dónde había dejado el trabajo a subir, lo tenía casi listo, solo faltaban detalles; sin embargo, el aumento de trabajos en todos los cursos (positivos desde mi perspectiva), hicieron que se desordenen los documentos en mi computadora.

Mi mente se llenaba de preguntas y el tiempo no se detenía, además; la voz que salía de las clases virtuales, la música a alto volumen de algún vecino y el ruido que venía de la calle (producto de obras y anuncios de venta de productos), empezaban a aturdirme, convirtiéndose en un trabajo bajo presión. Un flash back vino a mi mente, estábamos en clases presenciales en la universidad y un jardinero con su podadora hacía tanto ruido que incomodaba a alumnos y profesores, gran similitud.

Buscando en los últimos documentos guardados en la computadora, logré encontrar el trabajo; al abrirlo pude ver que tenía inconsistencias, empecé a editarlo, sin embargo, me perdí en el tiempo, mientras, hacía esfuerzos por avanzar y tratar de estar atento por si en algún momento me llamaban en clases, las cuales debía estar atendiendo, una práctica poco habitual, no sugerida, pero necesaria en ese momento.

Teniendo el trabajo listo y a pocos minutos que se cumpla el tiempo, entré a DUTIC (plataforma universitaria), sin embargo, no había registro de la actividad, me causó dudas en el momento, pregunté a un compañero por WhatsApp, ¿Dónde debo subir el documento?. Tardaría en responderme y no podía darme el lujo de esperar. Entré a mi correo electrónico. Busqué en la bandeja de entrada. Sección de últimos mensajes y encontré la actividad creada. Estas cosas no las sabía porque ingresé 2 semanas después a clases, a causa de problemas con las matrículas del semestre.

La carpeta decía “Crónica”, y el tiempo restante para subir el documento se había reducido a solo minuto y medio, aún estaba dentro del tiempo, la plataforma se llamaba classroom, había oído hablar de ella, pero nunca la había utilizado. En un principio quería cargar el documento, pero no lograba hacerlo. Después de varios intentos desafortunados, hice clic en la parte de “añadir trabajo”, se creó un documento en drive y solo atiné a copiar el texto. Cerré el documento y finalicé haciendo clic en “Entregar” a solo segundos antes que se cumpla en tiempo. Quise ver si aún se podía editar después de ello. Era imposible, sin embargo, presenté el trabajo y me quedó la experiencia de no olvidar las cosas ni dejarlas para último momento.

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