Por: AGUILAR CARI, Fredy Adrián
Ese día estaba presente en la clase, pero ausente para el profesor. A las 7 y 5 de la mañana -del primer jueves de noviembre- ya estaba con ‘inasistencia’ en la lista del curso de ‘Géneros y Estilos Periodísticos’. El docente a cargo de la asignatura era el más puntual que me había enseñado en mis cuatro años de carrera, el profesor Wilfredo Mendoza. Presioné la opción de levantar la mano en la sala meet, con la idea de justificar mi tardanza. Esperé por 5 minutos mientras seguía tomando la lista. Finalizada la asistencia, el profesor inició con sus clases. Había faltado al curso.
La noche anterior estaba con muchos pendientes. Demasiadas tareas se habían acumulado. Se acercaba la semana de exámenes y presentación de trabajos. Con la idea de que no se siga acumulando más, empecé a hacerlos esa misma noche. Navegando en la web, tratando de buscar la información requerida, me atrajo la idea de ver videos en YouTube. No recuerdo cuantos observé esa noche, ni de cuanto duraban cada uno. Mire la hora y ya era las 11 de la noche. Tenía mucho sueño. -Mañana si o si avanzo- me dije y me acosté.
La primera de las alarmas sonó a las 5 en punto de la mañana. Supongo que la apagué estando aún con sueño. Y así ocurrió con las demás siguientes de las 5:20; 5:40 y 5:50 de la mañana. Después de las 6 de la mañana -en adelante- suenan 3 alarmas de emergencia programadas cada 10 minutos, así las denominé pues en un día normal ya me encontraba despierto con la de la 5 y 50. Después de las 6 y media ya no sonó ninguna. Aún seguía durmiendo.
Cuando desperté a las 6 y 58 mi memoria recordó que ese jueves, a primera hora, me tocaba el curso de ‘Géneros y Estilos Periodísticos’ con el profesor Wilfredo Mendoza. Un docente reconocido por alumnos de la escuela de Ciencias de la Comunicación no solamente por sus amplios conocimientos en los cursos que enseña, sino también, por ser el más puntal y preciso con la hora. —Ya no alcanzo a que me tome asistencia, peor aún, soy el primero de su lista— me dije con evidente frustración.
Mientras encendía la laptop -para ingresar a la sala meet- a mi mente volvieron aquellos recuerdos de las veces que me había enseñado el profesor Wilfredo. Recuerdo muy bien que siempre decía que después que él ingresara a la clase, nadie más podía entrar; y así fue, aquellos años –antes de la pandemia- varios compañeros que llegaron tarde a sus clases se quedaron afuera. Una vez llegué tarde a su clase de ‘Redacción Básica’ y junto a otros amigos no pudimos ingresar, la puerta del auditorio de Relaciones industriales estaba cerrada para los tardones.
Ahora con las clases virtuales el mensaje seguía siendo el mismo, alumno que no esté en la sala meet a las 7 en punto de la mañana, no sería considerado en la asistencia. Aquellas excusas de que ‘se me cortó la señal de internet’ o ‘mi red esta inestable’ no serían justificación, pues como dijo él mismo: “El curso empieza a las 7 en punto de la mañana los jueves y viernes, así que ustedes deben prever todo antes de esa hora”.
Cuando ingresé a la clase, la lista ya se encontraba por la letra F. Pensé por unos momentos dos posibilidades: la primera, decirle una excusa sobre mi internet y que me considere en la asistencia o solo escuchar la clase porque de todos modos me diría “Ya tomé asistencia, usted llegó tarde”. Opté por la primera. Presioné la opción de levantar la mano y esperé a que terminara. Pasado los minutos nada de eso ocurrió, el profesor inició con sus clases. —Ni modo, ya fue. Además, no imagino que el profesor se crea la excusa. Mañana si tengo que estar puntual— me dije. Ese día estaba presente en la clase, pero ausente para el profesor.
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