NADIE DIJO QUE ESCRIBIR FUERA FÁCIL…

Por: MAMANI ORTEGA, Aydee

En lo personal, una serie de sentimientos me invaden, entre ansiedad, duda sobre mi trabajo, si realmente lo hice bien o si lo hice mal. Con una taza de café en la mano trato de apaciguar el frío de la mañana. De inmediato los nervios se apoderan de mí, y creo que también a mis compañeros les sucede lo mismo. Cada vez que nuestro profesor revisa nuestras crónicas. 

La ya conocida frase “Allí está la clave” del profe Wilfredo, cobra mayor sentido la mañana de cada jueves y viernes. En medio de la coyuntura de la educación a distancia, aquellas palabras cobran un gran valor, que tal vez muy pocos puedan comprender. En la comodidad de su estudio y con los rayos de sol llegando a su escritorio. Puntual y entusiasta. Wilfredo Mendoza Rosado, nuestro profesor. Presurosamente, da inicio a las clases, llamando la asistencia del día.

Y allí va, llega mi turno, me dispongo a leer mi redacción al terminar siempre escucho con mucha atención las correcciones y sugerencias que me da el profesor. Realmente para mí, sus palabras son críticas constructivas, comentarios que uso como impulso para mejorar. Es allí donde irónicamente, vienen a mi mente, diversas ideas que hubiese utilizado para comenzar mi crónica, o darle la forma adecuada. Pero lo que me reconforta es que soy consciente que le pongo dedicación a mis redacciones.

Siempre busco mejorar día con día. Soy de las personas que si les gusta un libro lo puede leer muchas veces y sin darme cuenta del tiempo que emplee en ello. Y eso me sucedió con el libro de El Viejo y El Mar. Obra que nos compartió el profesor. Allí fui descubriendo que debía ser más minuciosa en los detalles, aquellos que pueden pasar desapercibidos para cualquiera. Pero pueden darle esencia a un texto. Detalles que me cautivaron de aquella obra. 

Ante el nuevo paradigma de las clases, ya es normal estar sentada más de 8 horas en frente de la gélida pantalla de la laptop. Con los ojos enrojecidos, dolor de cabeza, espalda y con la constante preocupación de quedarme sin conexión a internet. Los días resultan ser muy monótonos, lo cual es irónico siendo una estudiante de periodismo, ya que en conjunto con mis compañeros deberíamos buscar noticias en las calles y no en las cuatro paredes de una habitación. Así como años atrás cuando en un examen, el profesor Wilfredo nos envió a la Feria del Altiplano a buscar un hecho noticioso, experiencia que en lo particular disfrute mucho. Momento donde sentí la adrenalina en mí…

Una taza de café bien cargado, resulta ser mi mejor aliado, aquellas noches donde empiezo a redactar mis crónicas. Con la mano en la frente recuerdo constantemente las recomendaciones que anteriormente dio el profesor Wilfredo. Me anticipo a los comentarios que él dará a las crónicas que redacto. Ocasionalmente, también me pongo a pesar ¿Cómo él redactaría aquella crónica?, ¿Cuál sería el ángulo que le daría?

Busco, que aquel que lea mis textos, se transporte a mis historias, que las viva en su mente. Al terminar mis redacciones, las comparto con un par de amigos. Anticipándoles que quiero comentarios sinceros de su parte. Ya que me interesa conocer diversos puntos de vista. Debo de admitir que aún me cuesta, encontrar “la clave” en mis redacciones. Soy consciente, que aún hay mucho, por explotar en mí…


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