Por: VILLALTA MAYTA, Cesar Augusto
Me sentí como un tonto. Había quedado como si fuera un tartamudo frente a toda la clase y quería que me tragara la tierra. El pensar que la palabra “frenillo”, tenía que ver algo con los frenos dentales en la pregunta del profesor Mendoza, me costó una de las pocas situaciones más vergonzosas que he tenido en mi vida.
Eran apenas las 8:37 de la mañana de un friolento viernes 29 de octubre. Frente a mí estaba una taza caliente de “Ecco”, una bebida de cebada instantánea, y mi computadora con la clase de Géneros y Estilos Periodísticos en la pantalla. El profesor Wilfredo Mendoza Rosado, un periodista de antaño, con una gran experiencia por detrás, estaba llamando por orden alfabético a los estudiantes que faltaban leer su narración, por medio de la plataforma Google Classroom.
—¡Eleazar Rendón!, ¡Fabricio Rullier!, ¡Marshall Valerie! —exclamaba con voz gruesa según iban leyendo su crónica.
Cada compañero que pasaba, era un sorbo más de Ecco abrasador para mi estómago, a ver si quemándolas se apaciguaban las hormigas generadas por los nervios de mi inminente turno.
—¡Cesar Villalta! —exclamó el docente Mendoza. Dejándome atónito de la sorpresa.
—Sí profesor— solamente atiné a contestar.
El docente comenzó a proyectar en la pantalla mi trabajo subido, y yo que me pierdo fácilmente en las lecturas si se me mueve el papel, ya tenía mi documento previamente abierto para evitar contratiempos, que ya se habían presentado con otros compañeros.
—La chica de mis sueños, por Cesar Villalta Mayta. Ella era todo mi mundo, y yo no existía en el suyo. Habían pasado ya tres años… —así inicie con mi lectura procurando ser lo mas enfático posible, para que la lectura llegara al corazón de los oyentes.
—…Dejando aquella historia de amor, solo en mis sueños —terminé muy satisfecho con mi relato creyendo haber cautivado con ella a mis compañeros y docente. Cuando una pregunta corta y tajante de parte del docente, me desenfocó un poco, quitándome la sonrisa del rostro.
—¿Usted tiene un frenillo verdad? —Varias preguntas se me cruzaron en la mente en un segundo: «¿qué es un frenillo?, ¿será algo referido a los Brackets? ¿lo busco en internet?, no, ya es demasiado tarde para eso».
—¡Sí! —conteste raudo, ya que el decir no saber el significado de alguna palabra al profesor Mendoza, no era una buena idea.
—Bueno, debe procurar leer en voz alta más seguido —indicó.
Inmediatamente procedí a buscar el concepto en Google, descubriendo que era una condición peculiar donde un pliegue en la parte inferior de la lengua impide la correcta pronunciación de palabras. Quede avergonzado en frente de todos. La verdad es que no pude leer bien por el tratamiento de frenos dentales en el que me encontraba, y no por ese dichoso “frenillo”. Ese era un justificante que pudo haberme salvado del bochorno, así como también el haber sabido lo que era un “frenillo”, o como dijo el profesor Mendoza, el haber leído más.
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